martes, 9 de octubre de 2012

Pérdida de la audición en el adulto mayor



La pérdida de audición en adultos es una disminución de la capacidad para percibir sonidos. En los adultos, la pérdida de la audición puede ser parcial o total, súbita o gradual, temporal o permanente. Puede afectar a un oído o ambos.
 
Cerca de un cuarta parte de las personas de 65 a 74 años y hasta la mitad de los mayores de 75 años sufren presbiacusia, una disminución auditiva lo suficientemente importante como para interferir con su actividad social debida al propio proceso de envejecimiento caracterizada por una otosclerosis. Si no se le pone remedio con rapidez, la sordera acaba convirtiéndose en un obstáculo que aísla socialmente.

Debido a la imposibilidad de oír, la persona que padece sordera puede volverse injustificadamente desconfiada y estar más expuesta al peligro de alucinaciones auditivas como la impresión de que los demás hablan mal de él, sintiéndose rechazado y apareciendo a veces otros problemas graves como delirios e incluso depresiones.


Tendencia a gritar

La primera reacción de quienes conviven con una persona que sufre problemas de audición es que elevan el tono de la voz, e incluso reciben críticas de amigos y familiares porque gritan.

No obstante, los afectados no siempre aceptan la pérdida auditiva. Lo consideran un rasgo de la senectud, se sienten frustrados y podrían caer en depresión o se avergüenzan de pensar en el uso de un audífono. 

Sin embargo, cuando lo usan mejoran su calidad de vida al recuperar parte de la capacidad de oír.

Sin los audífonos el paciente pierde con facilidad la concentración, en especial cuando está en espacios abiertos y existen sonidos externos que interrumpen sus conversaciones. Es probable que no capte con claridad las voces agudas de mujeres y niños, pero sí las voces graves de los hombres.

No escuchar bien resulta incómodo, además es un proceso degenerativo que no puede detenerse, pero sí hacer menos molesta su llegada. Para esto existen características básicas que ayudan a detectar el problema. Una vez se presentan los primeros síntomas es urgente acudir a un especialista para comenzar el tratamiento apropiado y frenar los daños.


Síntomas
  • zumbido en los oídos (acúfenos)
  • secreción o sangrado de los oídos
  • dolor de oído intenso o dolor en el canal auditivo
  • presión o una sensación de “congestión” en los oídos
  • mareos o problemas de equilibrio
  • náusea


El pronóstico puede variar mucho. Sin embargo, si no puede tratar su pérdida de la audición con medicamentos o cirugía, su calidad de vida puede mejorar de manera significativa con un audífono. En algunos personas que no mejoran con un audífono, la opción puede ser un implante.

El audífono correcto
  
Cada persona tiene necesidades específicas de audífonos, por eso en el mercado existen manuales y automáticos. Los primeros tienen funciones básicas para ajustar el sonido y mientras más grandes, mayor es su capacidad.

Los automáticos funcionan por medio de programas especializados que se ajustan desde la clínica y se adaptan según los ambientes en que se encuentre la persona. También puede controlarse por medio del mismo aparato o con un control remoto. Incluso algunos dispositivos llevan un registro de los días y horas de uso con el fin de tener un historial actualizado del funcionamiento.

Algunos audífonos son pequeños y discretos, aunque deben ser cómodos de manipular. Sin embargo, es preferible utilizar un aparato más grande cuando hay deformidad en los dedos o el paciente sufre de Parkinson.

Otra alternativa es un implante en la cóclea -parte del oído interno-. Este es un procedimiento factible tan sólo cuando el órgano ha perdido por completo su capacidad auditiva.

Ese implante es un pequeño dispositivo electrónico que se coloca dentro del hueso temporal y por medio de él se transmite una señal eléctrica al cerebro. Para complementarse necesita un dispositivo externo que consta de un micrófono receptor, un procesador de lenguaje y una antena para transmitir el sonido a la parte interna del oído.



¿Problemas de visión llegada la tercera edad?






Llegada la tercera edad se irán presentando algunos problemas en la visión que generarán dificultades en el desenvolvimiento y actividades diarias de la persona.
Estudios señalan que el deterioro de la vista o la disminución de la agudeza visual, aumenta con la edad, cifras más delicadas se presentan sobre todo en las personas de 75 años ó más.
 
Las causas o molestias más frecuentes en la visión del adulto mayor son los errores de refracción, las cataratas, la degeneración macular relacionada con la edad, la retinopatía diabética y el glaucoma  afectando su calidad de vida.
Si bien hay enfermedades visuales propias de la edad que no se pueden evitar como la presbicia, un chequeo anual con el oftalmólogo es fundamental para la salud visual del adulto mayor.
Una mala visión es causa de caídas, de miedo a salir a la calle y de falta de relación con el entorno, lo que afecta a la capacidad de participar en diversas actividades sociales y produce un sentimiento de aislamiento.

- Presbicia: conocido como "vista cansada", es una consecuencia del envejecimiento del ojo y la pérdida de elasticidad del cristalino. Es algo casi inevitable, empieza a manifestarse entre los 40 y los 45 años y aunque puede ser corregido, no tiene cura. Pero sí se puede mitigar su efecto mediante el uso de lentes graduados.

- Cataratas: provocadas por la progresiva pérdida de transparencia del cristalino y conllevan una disminución creciente de la agudeza visual. En su estado inicial se pueden manifestar por sensación de deslumbramiento, disminución de la sensibilidad a los contrastes y dificultades para percibir el relieve y los colores.
Las posibilidades de tener cataratas aumentan con la edad avanzada, la diabetes, ciertas infecciones o traumatismos oculares y la tendencia genética. Afectan al 20% de la población de más de 65 años, pero si se detectan a tiempo son tratables (quirúrgicamente).

- Glaucoma: Es un aumento de la presión intraocular, por falta de drenaje del humor acuoso, que produce lesiones en el nervio óptico con problemas en la visión y si no se corrige a tiempo ceguera.
  


Signos de Alerta
Las personas con pérdida de la capacidad visual pueden presentar alguna de las siguientes manifestaciones:

- Visión Borrosa

- Dificultad para leer o ver de cerca y/o lejos

- Sensación de cansancio ocular o dolor ocular

- Visión de puntos o “moscas”

- Visión doble

- Ojos rojos o con secreciones

- Dolor de cabeza continuamente.

Siempre será útil controlar periódicamente la presión del ojo; las lesiones de los vasos de la retina se previenen controlando la hipertensión arterial y la diabetes.
La aparición de dolor o congestión intensa del ojo (ojo rojo) puede corresponder a una infección grave o un glaucoma que, sin tratamiento, puede terminar en ceguera.

  • El control médico general protege la vista.
  • El control de la presión ocular protege la vista.
  • Si hay disminución aguda de visión, dolor o inflamación: consulte rápido.


Dependiendo de los hábitos visuales se puede evitar enfermedades en este órgano tan importante; pero si todas estas pautas de prevención le parecen exageradas recuerde: siempre es mejor prevenir que curar.